Visitamos o Museo Casa de la Troya

O pasado venres 5 de xuño visitamos da man de Benigno Amor o Museo Casa de la Troya, museo que recrea o ambiente estudantil da afamada pensión rexentada por Dona Xenerosa en Santiago de Compostela a finais do s.XIX, e inmortalizada polo escritor D. Alejandro Pérez Lugín na súa novela homónima. Aproveitando esta visita, recuperamos e compartimos o artigo La guitarra en la música gallega de Isidoro Guede, publicado en maio de 1959 na revista mensual Vida Gallega (nº 744), agradecendo ao xornalista e editor Henrique Alvarellos a súa xenerosa colaboración achegándonos unha copia do mesmo.





La guitarra en la música gallega, por Isidoro Guede
Vida Gallega, nº 744. Mayo 1959

Curros escribió su famosa canción «N'o xardín unha noite sentada...» al ritmo que le iba dictando la guitarra de un compañero de habitación en una pensión madrileña, en uno de esos momentos morriñosos que suelen atacar con frecuencia a los gallegos cuando se encuentran lejos de su casa.

La historia se pone ahora de actualidad con motivo de la filmación en Santiago de «La Casa de la Troya» y está siendo removida por la ágil pluma de nuestro admirado compañero «Borobó», quien, comentando la información que transcribe de una carta del propio Curros, dice lo siguiente: "La guitarra como instrumento creador de la mejor lírica gallega es un tema que todavía no ha sido estudiado con detenimiento. Hace poco, con motivo del concierto de Andrés Segovia en la antigua capilla del Hospital Real, recordamos que Rosalía tocaba la guitarra primorosamente. Y ahora vemos que la canción más bella de Curros surge al conjuro de las notas arrancadas a una guitarra. ¿Será este instrumento, y no la gaita, el más eficaz productor de saudade?"

No puede decirse, exactamente, que la guitarra sea el instrumento creador de ninguna lírica galaica; pero si -y se aproxima bastante a la afirmación que «Borobó» insinúa-, el apoyo sonoro de buen número de composiciones gallegas. Y esto se debe a que, salvadas las excepciones apreciables a simple oído, buen número de los creadores de canciones gallegas apenas poseían otros conocimientos musicales que los derivados de la utilización de la guitarra como instrumento de acompañamiento. Un examen de esas canciones advierte en seguida que su autor se ha dejado ir melódicamente sobre los acordes de una guitarra sin más modulaciones que las de tónica y dominante, de acuerdo con el somero y superficial conocimiento del instrumento, que siempre ha tenido un carácter íntimo y que sólo en época reciente ha sido incorporado al número de los de concierto, con todas las posibilidades que se está demostrando posee.

Cuando el compositor ha trabajado sobre el piano, su obra presenta otros caracteres. El piano requiere ya una formación musical que se traduce en obra de mejor factura armónica, en tanto la guitarra era manejada por aficionados, que aprovechan para arropar sus melodías los acordes hechos que dan las «posturas» fijas de cada tonalidad.

Por otra parte se echa de [menos] ver una construcción musical común a todos los que han utilizado ese procedimiento y que pueden concretarse en dos aspectos, por regla general: el tono menor y cierta cohibición o falta de agilidad melódica. Quisiera poder ser entendido y trataré de explicarlo de la mejor forma posible.

Existen dos maneras de componer. Una que llamaríamos de dentro afuera y otra de fuera adentro. La primera es la de aquellos que crean su música directamente sobre el papel pautado, propia de los grandes y geniales compositores, poseedores de una técnica puesta al servicio de una inspiración que no necesita de estímulos sonoros externos. La segunda es la de quienes, en cierto modo, improvisan sus melodías sobre los acordes de una instrumento, en la mayoría de los casos conocido sólo de forma elemental.

La música de los primeros, por lo mismo que fluye directamente y no encuentra dificultades, es viva, variada en ritmos y modula ampliamente dentro de las tonalidades que le sean necesarias; la de los segundos acusa monotonía, la rítmica tiene cierto anquilosamiento y las modulaciones son de una pobreza tal que se refugia en la utilización alternativa del tono mayor y menor, con preponderancia de éste sobre aquél.

Es muy posible, por consiguiente, que la guitarra haya tenido una gran parte en la producción de las canciones gallegas más conocidas. Es muy posible, como atisba «Borobó» sagazmente, que sea el más eficaz productor de saudade. Tanto porque al tañerla al modo facilón de los no iniciados exista una tendencia clarísima a tocar en tono menor, como porque ello ocurre casi siempre cuando uno se encuentra fuera de su tierra. Hay muchas de esas canciones producidas en la emigración; que es donde se siente la necesidad de dar saluda a esas expresiones dejando constancia de ellas con la oportuna transcripción al papel pautado. Hoy ya no, pero ni siquiera entonces, en los tiempo a que me vengo refiriendo, ningún gallego residente en Galicia se vería fuertemente impulsado a cantar así y procurar que su canción perdurara.

Por fortuna, sobre aquella inicial música gallega ha ido alzándose otra de proporciones notables, que auguran su inclusión para un futuro próximo en los programas de concierto de la música culta.